Cueva del Pirata
ueva del Pirata, en Mirasol (pasando Algarrobo), guarda historias y salitre. Un sendero con escalones marca el descenso: unos 15–20 minutos de bajada apacible, entre claros y sombras, con bancas para respirar el paisaje; la subida pide esfuerzo y pulmón. Hay estacionamientos; si vienes en micro bájate en la iglesia de Mirasol y camina unos 10 minutos hasta la entrada del sendero (mi ruta está grabada desde la cueva hacia la plaza, es el mismo camino). No hay baños ni kioscos en la playa; antes de entrar al sendero encontrarás un almacén donde conseguir provisiones, y en la orilla a veces pasan vendedores con palmeritas y bebidas. La cueva, bella y recóndita, tiene un perfume amargo: algunos la usan como retrete, así que lleva paciencia. La playa es amable en temperatura pero traicionera en fuerza: oleaje potente que rompe con violencia y arrastra en los pies —no es una playa recomendada para nadar. Si decides bañarte, hazlo con responsabilidad, precaución y sin alejarte de la orilla. Dicen los viejos del lugar que, en noches de marea alta, el rumor de la cueva repite el canto de un pirata que buscó refugio y dejó promesas enterradas entre rocas y espuma.