Hay playas que se visitan y hay playas que se conquistan. Tunquén pertenece al segundo grupo. Para llegar hasta su arena hay que tomar un camino secundario, dejar el auto y caminar entre dunas un par de minutos. La recompensa es un paisaje que no parece chileno: kilómetros de costa abierta, un cielo enorme y un estero que dibuja meandros antes de entregarse al mar.
El humedal que la hace única
El humedal de Tunquén es un sitio prioritario para la conservación de aves. Cisnes de cuello negro, garzas, queltehues, gaviotas y especies migratorias usan este lugar para alimentarse y reproducirse. Si vas con binoculares, prepárate para una de las experiencias de avistamiento más ricas de la zona central.
Recomendaciones prácticas
- Lleva agua, sombrero y bloqueador: no hay locales en la playa.
- El viento sube fuerte después del mediodía.
- No camines por encima de las dunas con vegetación: son frágiles.
- Saca tu basura. En Tunquén no hay servicio municipal de retiro.
¿Apta para bañarse?
El oleaje es fuerte y hay corrientes. Bañarse profundo no es buena idea, especialmente con niños. Pero mojarse los pies, caminar por la orilla y hacer fotografía es un panorama que vale por completo el viaje.
“Tunquén te recuerda que el mar es del mar. Uno solo está de visita.”
— Surfista de Algarrobo Norte